Enero 30, 2004

Hola Hoy - Caracas Arepa Bar: La cocina de la abuela
Por Carlos Bernales

NUEVA YORK Venezuela no es sólo la tierra de las grandes luchas por la libertad e independencia de América Latina, que nos recuerda las figuras de Francisco de Miranda y Simón Bolívar, no es sólo la tierra del joropo y de las mujeres más bellas; Venezuela es ante todo, la patria de las arepas, esos bollos de origen indígena que están todo el tiempo y a todas horas en las areperas, en las taguaritas, en la cocina de la abuela, llena de secretos familiares, discusiones políticas, los chismes del barrio y guardando para sí los misterios de la culinaria que sólo las abuelas saben guardar.

Como un acto de magia, una de esas cocinas se escapó por los aires y llego a Nueva York, al corazón del East Village, donde ahora el más común de los mortales y hasta neófitos en la materia pueden saborear estas exquisiteces. Caracas, Arepa Bar, es ese rincón que luce en sus paredes un sabor tan familiar que atrapa.

Como una familia
Maribel Araujo y Gato Barrios, una joven pareja de soñadores, llegaron hace tres años a Nueva York. A Maribel le pareció que a esta ciudad le faltaba algo que llenara sus nostalgias, esas que hacen doler el estómago, sobre todo a la hora cuando falta el calor de la cocina casera. De allí surge la idea de este pequeño restaurante, donde no falta la imagen del doctor Jose Gregorio Hernández, el médico de los pobres que no necesita la canonización del Vaticano para ser declarado santo por el pueblo venezolano. Lo demás fue como en un abrir y cerrar de ojos, juntar el resto de la familia que componen, ahora junto a Valerie Iribarren e Ilse Parra, las creativas chefs , que se las saben todas y que cuentan con el apoyo logístico de Germán Ferreira (cocinero), Juan Manuel Sánchez (arepero) y Benjamín Flores (ayudante), quienes se encargan de preparar las delicias que la bella Andrea Moreno entrega en su mesa.

Provocativas
Las bandejas llevan arepas de una mesa a otra y diferentes variedades, y a uno se le antoja saborearlas todas. Se puede empezar con la de Guasacaca, una especia de guacamole con queso paisa o guayanés, o la Viuda, una simple que uno mismo baña en mantequilla o nata de leche. La lista es larga, prosiguen la Catira (la rubia), la Paisa, La Guayanesa, la de Telita, Reina Pepiada, rellena de pollo finamente deshilachado, Dominó, con frijoles negros y queso saladito. La Platanera, que incluye plátano revuelto en queso, la de Pabellón o la Bonita, que contiene una adaptación de atún, la Capresa Criolla, una especialidad con queso guayanés, tomate, albahaca. Aceite de oliva y vinagre balsámico, la Caraqueña Mediterránea, la de Salmón, un banquete que complace la imaginación. Puro Monte y Vegans Deluxe, una delicadeza con champiñones de Portobello y tofú son apenas unas de las variaciones que en esta cocina de la abuela no tienen límites.

Las bebidas también tienen su historia en los jugos naturales de guanábana, parchita, mangua (mango y guayaba), tamarindo, lechosa (papaya), que nos devuelven al trópico. Para finalizar no puede dejar de pedir los postres de la casa, de donde se luce el Bienmesabe, una delicia que, acompañada del buen café venezolano, se disfruta aún más.

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